¿No se supone que ir al psicólogo está para hablar?
Algo así me dijo un día una chica en una sesión, después de proponerle una visualización. Habitualmente me encuentro, dentro y fuera de terapia, con esta creencia: ir al psicólogo es sinónimo de hablar desde la palabra.
A veces, desde mi experiencia subjetiva cómo persona que acompaña y que ha sido acompañada en espacios psicoterapéuticos, la terapia consiste en sostener el silencio de la otra persona. En sostener una mirada. En sostener un bostezo, un eructo o cualquier expresión que pueda emerger. En sostener un llanto sin interrumpirlo ni intentar modularlo. En sostener la respiración. En sostener el temblor. En sostener la incomodidad. En sostener una carcajada.
Me imagino la terapia como unos brazos que sostienen, mecen y abrazan todas aquellas partes, formas y expresiones del mundo interno de la persona que no encontraron unos brazos donde dejarse sostener, en los que reposar, en los que simplemente ser.
El espacio psicoterapéutico (o al menos el que yo ofrezco) no está única y exclusivamente para “hablar”. La palabra es bienvenida y, dependiendo de las necesidades de la persona, ocupará más o menos espacio en las sesiones. Pero la palabra es tan solo un lenguaje más de la cuerpa que somos.
Para mí, es un espacio en el que habitarnos, en el que permitir(nos) que la cuerpa se exprese y encuentre un lugar seguro donde poder ser y estar.
El espacio psicoterapéutico es para mí un laboratorio en el que generar unas condiciones que permitan a nuestros sistemas nerviosos autónomos regularse, donde nuestras células y tejidos puedan regenerarse.
Un espacio que sostiene sin juicio, con presencia, suavidad y amabilidad. Un espacio que no apresura los procesos, no empuja ni presiona, que no va ni más rápido ni más lento del ritmo interno al que puede ir la persona que tengo delante.
En la psicoterapia que ofrezco, hay espacio para la cuerpa que somos y para cada uno de sus lenguajes: somático, emocional, mental, onírico, simbólico, espiritual, racional…
Sí, mi experiencia recibiendo psicoterapia (cosa que tiene mucho que ver con cómo yo acompaño) ha sido hablada. A veces ha hablado más mi parte mental, otras lo ha hecho mi parte emocional y otras mi parte somática.
Si aprendemos a escuchar(nos), nos daremos cuenta de que todas estas partes están en constante diálogo. Tan solo que a veces les damos más voz a unas que a otras. Nuestra sociedad occidental tiene mucho que ver en esto, ya que nos educa para dar voz y prestar más atención al lenguaje cognitivo, a nuestros pensamientos, al lenguaje verbal y a la racionalidad, al neocórtex.
Me gusta hacer el ejercicio de sentir lo que necesito y no pensar en lo que necesito, puesto que son cosas muy distintas. Para sentir lo que necesito, mi actitud frente a mi cuerpa es la de una mera observadora, lejos de interpretar, juzgar y/o querer modificar. Cuando entro en esta escucha profunda, que no pretende controlar, lo que sucede es que nuestro organismo se reorganiza, se regula sin necesidad de intervenir.
Todo esto, entre otras cosas, significa para mí ir a terapia y entrar en la dimensión de acompañar y dejarse acompañar. Ojalá así puedan ser el resto de relaciones humanas (y no humanas).
Yaiza.
